Naveguemos buscando el rumbo, aún cuando la brújula no siga el norte. Que este blog nos lleve a puerto seguro.
sábado, 17 de septiembre de 2011
RESENTIMIENTO
Max Scheler definió magistralmente el resentimiento como una intoxicación del alma.
Este veneno anímico se instala por dos mecanismos muy emparentados: la envidia y la injusticia.
Se resiente aquel que percibe para sí un derecho a tener lo que otro posee. Se produce por un falaz igualitarismo que cree que todo es para todos y tiene como trasfondo el deseo ávido de acumular, muy parecido al consumismo en auge.
Pero se resiente también el que sufre una injusticia, aquel al que se le quita, con o sin violencia explícita, un bien que poseía, una propiedad, la libertad o la dignidad.
Ambos resentimientos comparten la percepción de la injusticia y despiertan el deseo de eliminarla, lo que sin duda los puede hacer valiosos.
Pero más allá de la legítima lucha por eliminar la injusticia está la manera de hacerlo, este segundo momento ético que, del preguntarse el por qué, pasa al cómo de la acción. Porque si el resentimiento genera venganza, no actúa contra la injusticia, sino que la perpetúa.
Ahí es que se debe usar el único antídoto conocido contra este tóxico del alma, el perdón; que no excluye, de manera alguna, la rectificación del acto injusto.
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