Un pensamiento asalta mi mente y quiero dejarlo escrito:
Tal como
los brujos, vemos el mundo que nos rodea desde una bola de cristal, en
ella vemos las acciones, actitudes, y palabras de las demás personas y
sobre ella tomamos nuestras decisiones, nuestra bola de cristal es cómo
nosotros vemos el mundo.
Pero hay una sutil diferencia entre nosotros y los brujos. Mientras ellos ven la bola de cristal desde afuera, a nosotros nos encierra y apreciamos las cosas desde dentro de la esfera de cristal. Vivimos dentro y nos rodea completamente y a través de ella vemos el mundo de afuera.
La esfera de cristal hace de prisma, con el cual digerimos las cosas y además nos protege del exterior.
Los malos entendidos se reflejan en cómo vemos las cosas, nos hacen creer cosas que no son y nos crean mundos irreales que no existen, es decir, nuestra bola de cristal se empaña en la dirección en que miramos y no podemos ver bien las cosas.
Cuando creemos que alguien nos hace daño, en realidad no lo hace sino que el prisma que tenemos es nuestro escudo y nos protegemos con él, sin embargo, muchas veces queda rayado y otras hasta trizado con lo cual también nos dificulta el mirar en esa dirección, no las podemos ver a través de la esfera de cristal que nos rodea porque no podemos ver a través del cristal trizado; generalmente las relaciones con las personas que nos hacen daño no vuelven a ser las mismas.
Mientras de más apariencias vivimos, más aislados nos hacemos. La bola de cristal se pule para dar un efecto de lupa, nos hacemos más grandes desde afuera, y a la vez los vemos más chicos desde dentro. Las apariencias muestran a alguien distinto del que somos porque la lupa nos cambia, no nos mostramos nosotros realmente. Esto nos hace alejarnos del resto y nos vuelve solitarios al no encontrar más como nosotros.
Es por esto que yo llamo a romper los cristales en que vivimos, a no poner el escudo y el prisma para nuestras relaciones, las alegrías y tristezas se viven en la realidad no se observan, no se estudian ni se piensan.
Cuando vivimos sin una bola de cristal que nos rodee podemos apreciar las cosas tal como son, los malos entendidos se diluirán por sí solos y no representan un problema, las cosas vuelven a ser claras como antes en poco tiempo. Cuando alguien nos hace daño en realidad no llegará a tocarnos porque estamos libres y no nos ata un escudo ni un prisma, nosotros decidimos lo que aceptamos en nuestro mundo, vemos las cosas claras y las decisiones se enfocan en la realidad que vemos y sentimos y no en la que creemos ver y creemos sentir a través del prisma, de aquello que nos deja pasar nuestro escudo. Sin la esfera de cristal no existen apariencias, somos nosotros mismos; así como nos ven, somos. Así como somos, nos verán (siempre que el otro no viva en una bola de cristal).
Por último, hay una diferencia entre vivir en una bola de cristal perfecta, que casi siempre está limpia y que nos deja ver todas las cosas que suceden afuera; y prescindir de ella; y es que viviendo en una bola de cristal en cualquier momento se puede nublar o trizar o deformar mientras que no teniendo una somos sólo nosotros, y esa es una gran ventaja.
Pero hay una sutil diferencia entre nosotros y los brujos. Mientras ellos ven la bola de cristal desde afuera, a nosotros nos encierra y apreciamos las cosas desde dentro de la esfera de cristal. Vivimos dentro y nos rodea completamente y a través de ella vemos el mundo de afuera.
La esfera de cristal hace de prisma, con el cual digerimos las cosas y además nos protege del exterior.
Los malos entendidos se reflejan en cómo vemos las cosas, nos hacen creer cosas que no son y nos crean mundos irreales que no existen, es decir, nuestra bola de cristal se empaña en la dirección en que miramos y no podemos ver bien las cosas.
Cuando creemos que alguien nos hace daño, en realidad no lo hace sino que el prisma que tenemos es nuestro escudo y nos protegemos con él, sin embargo, muchas veces queda rayado y otras hasta trizado con lo cual también nos dificulta el mirar en esa dirección, no las podemos ver a través de la esfera de cristal que nos rodea porque no podemos ver a través del cristal trizado; generalmente las relaciones con las personas que nos hacen daño no vuelven a ser las mismas.
Mientras de más apariencias vivimos, más aislados nos hacemos. La bola de cristal se pule para dar un efecto de lupa, nos hacemos más grandes desde afuera, y a la vez los vemos más chicos desde dentro. Las apariencias muestran a alguien distinto del que somos porque la lupa nos cambia, no nos mostramos nosotros realmente. Esto nos hace alejarnos del resto y nos vuelve solitarios al no encontrar más como nosotros.
Es por esto que yo llamo a romper los cristales en que vivimos, a no poner el escudo y el prisma para nuestras relaciones, las alegrías y tristezas se viven en la realidad no se observan, no se estudian ni se piensan.
Cuando vivimos sin una bola de cristal que nos rodee podemos apreciar las cosas tal como son, los malos entendidos se diluirán por sí solos y no representan un problema, las cosas vuelven a ser claras como antes en poco tiempo. Cuando alguien nos hace daño en realidad no llegará a tocarnos porque estamos libres y no nos ata un escudo ni un prisma, nosotros decidimos lo que aceptamos en nuestro mundo, vemos las cosas claras y las decisiones se enfocan en la realidad que vemos y sentimos y no en la que creemos ver y creemos sentir a través del prisma, de aquello que nos deja pasar nuestro escudo. Sin la esfera de cristal no existen apariencias, somos nosotros mismos; así como nos ven, somos. Así como somos, nos verán (siempre que el otro no viva en una bola de cristal).
Por último, hay una diferencia entre vivir en una bola de cristal perfecta, que casi siempre está limpia y que nos deja ver todas las cosas que suceden afuera; y prescindir de ella; y es que viviendo en una bola de cristal en cualquier momento se puede nublar o trizar o deformar mientras que no teniendo una somos sólo nosotros, y esa es una gran ventaja.
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