Existe una frase, no sé si decir que muy conocida, quizás para muchos sea tan solo una frase más de las que se suelen escuchar, algunas
veces memorizar y algunas veces menos mencionar como si aplicara en
alguna circunstancia necesaria. La frase a la que me estoy refiriendo es
esta: “Los molinos de Dios muelen muy lento, y muelen muy, muy fino”
Existe
un momento concreto en el que pareciera que la vida se viene a pique,
se derrumba, se acaba, es el momento del fracaso, hemos de saber que el
fracaso es el no alcanzar algo que se anhelaba u obtener un resultado
adverso en algo que se esperaba fuera un éxito. En definitiva un fracaso es un cambio algunas veces estrepitoso de planes.
En
este mundo de hoy tan lleno de fracasos existe una actitud muy
frecuente y compañera muchas veces del fracaso, esa actitud es llamada frustración, la frustración es ese sentimiento que se produce cuando
lo que se esperaba no se logra, en definitiva es una compañera
inseparable del fracaso. El mundo de hoy está lleno de esta pareja:
Frustración y Fracaso.
En este mundo a todos desde que nacemos nos preparan para ser exitosos, ganadores, el primero en todo, el mejor, pero
nunca nos preparan con tanta fuerza y empeño en que debemos hacer
cuando no logramos eso que esperábamos y aún peor eso que los demás
esperaban de nosotros mismos. Y he aquí que aumentan a este matrimonio
de frustración y fracaso uno que no les hace mal tercio: el defraudar,
es decir, el desvanecer la confianza en alguien o en algo.
Nuestro
mundo no está preparando a nadie para el fracaso, la frustración, está
siempre preparando para el éxito, y ¿Qué pasa cuando el esto no se
logra?, ¿Qué actitud asumen las personas que esperaban tanto de los
demás y estos no logran complacerlos?...
Estamos
llenos de frustraciones y fracasos, propios y ajenos, cercanos y
lejanos, y quizás muchas veces no nos estamos tomando el tiempo
necesario y prudente para evaluarlos y darles curso, llevamos muchas
veces el peso de nuestros mismos fracasos y el peso de los fracasos de
los demás en nuestras propias espaldas… una razón más para que el mundo
esté casi al borde un colapso de stress.
Cabe aquí hacer una pregunta más ¿Qué frustración llevas contigo? ¿En qué has fracasado? ¿Qué manejo diste a estas situaciones?
Comencé
este escrito mencionando una frase que es muy cierta, “los molinos de
Dios muelen muy lento…” es verdad, muchas veces creemos que eso que no
logramos obtener es quizás lo único que podíamos tener, y olvidamos que
la vida sigue su curso… Muchos no logran darse cuenta de esto y ante el
fracaso y la frustración que le sigue al fracaso deciden suspender su
existencia… Olvidan que los molinos de Dios muelen muy lento y muy fino,
olvida que quizás cuando la vida parece que esta ensañada en castigar y
castigar, en no permitir que nada surta el efecto que se desea, en que
cada intento es una nueva decepción, es quizás porque lo que Dios está moliendo más fino nuestra existencia, es decir nos está purificando más que al común de los mortales.
He
fracasado muchas veces, he intentado miles de cosas que esperaba dieran
fruto, he logrado muy pocas de las que me he trazado, no niego que la
sensación de desanimo que queda y que a veces dura mucho es terrible,
más aún, que esta sensación
pareciera desaparecer pero vuelve y aparece cuando uno menos lo espera
como un fantasma que espanta. Pero con los años estoy todavía y espero
morir aprendiendo que no hay que tenerle miedo a esto, por el contrario
hay que dejar que venga, nos espante, nos moleste un poco y que esta
misma molestia nos haga reaccionar para podernos medir a nuevos sueños, a
nuevas esperanzas, a nuevas metas, a nuevas relaciones, a nuevos retos… Se
acaba una relación, un trabajo, un sueño, un lugar, una persona… pero
mientras tengamos vida y salud siempre habrá futuro, esperanza, sueños,
metas…
Como dice la presentadora de un programa de Tv: “Mas adelante hay casas en materiales mejores y con vista al mar…”
Solo
me queda recordar el más grande fracaso y la más grande frustración del
mundo: Jesús al morir en la cruz. ¡Gran fracaso! ¡Gran frustración!
¡Gran decepción! Esto pensaban
muchos, incluidos y en primer lugar los que lo siguieron, escucharon,
fueron testigos de su obrar, sin embargo no logran ver mucho más allá de
su poquedad, no ven que en lo que aparentemente era el más grande
fracaso de la historia estaba el más grande milagro de la misma historia
humana.
NB: Texto tomado del blog "http://caminoaemaus.blogspot.com/" propiedad del señor Bloggero Juanito Gomez.

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