domingo, 17 de abril de 2011

EL LARGO CAMINO DE LA VIDA


El sol brilla tenue, parece apagar su esplendor; es solo la señal del nacimiento de la noche. A veces nos ponemos mal, cuando llega a su fin aquellos momentos felices de nuestra vida, pero debemos asumir que es el final de una etapa y el inicio de otra, la cual nos hará madurar más aún que la anterior.

Cuando nos enfrentemos a una etapa difícil tendremos muy presente espiritualmente, que el agua de una cascada toma mayor fuerza para concretar su recorrido sólo en la caída, por eso cuando más veces te caigas y más veces te levantes, obtendrás experiencias de vida que te servirán para nutrirte de sabiduría emocional.

Si te encontraras en medio de tu lenta, pero sin pausa marcha, con un sendero que te enfrente a un abismo incierto debido a una adversidad del momento, en donde el miedo te bloquee o la desesperación te atormente, no desvíes el rumbo para la dirección que te parezca más fácil; porque al final del camino, te darás cuenta que fue tu peor elección. Solo detente a un costado y analiza la situación para desentrañar, lo que está a tu alcance remediar y lo que debes delegar, sin sentirte en falta.

Quizás sientas, que lentamente estas dirigiéndote hacia ese abismo, porque percibes un aire contaminado de dolor e incertidumbre en donde tus ojos, solo divisan una neblina emocionalmente confusa, que te impiden ver el horizonte de tu camino.

Solo por un instante, recuerda aquellos periodos críticos y dolorosos, que has logrado transitar y los que te hicieron sentir inmensamente feliz; verás como pronto sentirás alivio en la pesadez de tus pies. Observarás el paisaje desde otra perspectiva, tomando conciencia que peores situaciones, has logrado superar.

La vida nos ofrece un extenso trayecto para transitar, no importa que distancia recorra, sino la forma en que lo hagas.

A veces, ante la adversidad, sentimos que caminamos descalzos sobre espinas, cuando debemos afrontar la partida de un ser amado que nos ha enseñado a caminar o cuando nos vemos inmersos en una dura enfermedad.

Día a día experimentamos, como el sufrimiento nos hace madurar de golpe y el dolor no nos permite vislumbrar, ni obtener respuestas adecuadas a dos preguntas que se adueña de nosotros: -¿Por qué? o ¿Por qué a mí? Naturalmente la angustia se apodera de nosotros y son nuestras lágrimas, que nos ayudan a desahogarnos. Pero no debemos permitir que la bronca por lo incomprensible, nos impidan ser dueños de nuestro bienestar mental.

Con seguridad, en esos momentos descubriremos quienes nos acompañan y quienes nos observan para vernos caer. La elección, esta en nosotros mismos, no estancarnos en aquellas personas, que sólo pierden su energía queriendo vivir el camino de otros esperando su declive o transitar cierta parte de su vida, protestando por todo aquello que no pueden concretar, sin disfrutar lo que poseen a su alcance.

En nuestro trayecto, siempre tenemos la posibilidad de revertir ciertas situaciones, que nos ayudarán a no encontrarnos al final del camino, con una siembra poco satisfactoria como resultados de nuestra propia cosecha.

Convéncete, que la distancia que recorras con dignidad, integridad y amor hacia el prójimo, como a ti mismo, será el trayecto humano en donde marques las huellas más firmes y perdurables a través del tiempo, por el largo camino de tu vida.

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