Te quiero, pero casi no me haces falta,
me faltas, cuando estás fugazmente sola,
te extraño, cuando te invade la nada,
y cuando tu soledad te ahoga, te quiero.
La verdad es que casi siempre te olvido,
y se me olvida tu nombre cuando te aman,
y no recuerdo tu número, cuando estás ocupada
y omito tu nombre, si es que te llaman.
Sinceramente te odio en las mañanas,
porque sé que jamás te hago falta,
y nunca necesitas mi calor en tu cama,
y jamás me recuerdas si estás acompañada.
Mas hay días que extraño tu boca salada,
cuando las tardes y las noches te son frías,
y te come en una vorágine la vida,
eres como una espina que me tiene clavada.
Eres el sostén de mi vida cuando estás conmigo,
y la hiel y la miel, y el desencanto cuando te he perdido,
sos la nada y la ignorancia, si te das vuelta,
y en vosotros jamás cabe un ápice de prudencia.
Diría García Márquez que hay hijos con cola de puerco,
pero, más nosotros; los tenemos con cola de perro,
no buscamos compartir cosa alguna,
sabemos que somos diferentes desde la cuna.
Te necesito cuando estás invariablemente vacía,
y cuando tu alma y la mía son siempre sumisas,
si te digo que el hambre que siempre tengo de ti
es nueva, por tu sangre, por tus ojos, tu sonrisa.
Autor. Jose Lozano.
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