sábado, 15 de diciembre de 2012

La Estación más Bella

Había una vez un hombre que tenía cuatro hijos.
El hombre buscaba que ellos aprendieran a no juzgar las cosas rápidamente; entonces los envió a cada uno por turnos a visitar un peral que estaba a una gran distancia.
El primer hijo fue en el invierno, el segundo en la primavera, el tercero en el verano y el hijo más joven en el otoño.

Cuando todos ellos habían ido y regresado, su padre los llamó, y juntos les pidió que describieran lo que habían visto.
El primer hijo mencionó que el árbol era horrible, doblado y retorcido.
El segundo dijo que no, que estaba cubierto con brotes verdes y lleno de promesas.
El tercer hijo no estuvo de acuerdo, dijo que estaba cargado de flores, que tenía un aroma muy dulce y se veía muy hermoso, era la cosa más llena de gracia que jamás había visto.
El último de los hijos no estuvo de acuerdo con ninguno de ellos, y dijo que el peral estaba maduro y marchitándose de tanto fruto, lleno de vida y satisfacción.

Entonces el hombre les explicó a sus hijos que todos tenían razón, porque ellos solo habían visto una de las estaciones de la vida del árbol.
Les dijo a todos que no deben de juzgar a un árbol, o a una persona, solo por ver una de sus temporadas, y que la esencia de lo que son, el placer, regocijo y amor que viene con la vida puede ser solo medida al final, cuando todas las estaciones ya han pasado.

Si tú te das por vencido en el invierno, habrás perdido la promesa de la primavera, la belleza del verano, y la satisfacción del otoño.
No juzgues la vida solo por una estación difícil.
Sólo el que persevera encuentra un mañana mejor.
La estación más bella está en ti…


Esta estación te permitirá llegar a lo más alto de tus sueños…. Cree, vive, disfruta, persevera….. realiza tus sueños, ellos esperan por ti.

La mejor estación es la que estás viviendo ahora….
Vicente Calatayud.

viernes, 14 de diciembre de 2012

LA MUERTE NO ES EL FINAL

La muerte no es nada, sólo he pasado a la habitación de al lado.
Yo soy yo, vosotros sois vosotros.
Lo que somos unos para los otros seguimos siéndolo
Dadme el nombre que siempre me habéis dado. Hablad de mí como siempre lo habéis hecho. No uséis un tono diferente.
 
No toméis un aire solemne y triste.
Seguid riendo de lo que nos hacía reír juntos. Rezad, sonreíd, pensad en mí.
Que mi nombre sea pronunciado como siempre lo ha sido, sin énfasis de ninguna clase, sin señal de sombra.
 
La vida es lo que siempre ha sido. El hilo no se ha cortado.
¿Por qué estaría yo fuera de vuestra mente? ¿Simplemente porque estoy fuera de vuestra vista?
Os espero; no estoy lejos, solo al otro lado del camino..........

martes, 4 de diciembre de 2012

La Fragilidad de la Vida

De momento, todo el mundo se tiene que ir. Es curioso como a pesar de nuestra inteligencia, de nuestros conocimientos, la tecnología que hemos desarrollado, seguimos siendo tan fragiles a las enfermedades y males de nuestro mundo.

Somos tan egoístas como para creernos los dueños y señores de todo lo que nos rodea, seres superiores en la infinidad del universo y sin embargo no podemos luchar contra en fín inevitable de nuestros días.

Es un hecho que debemos asumir y no tiene sentido buscar explicaciones, excusas y menos aún una alternativa.

Quién sabe si en un futuro podremos encontrar alguna manera de eludir ese triste destino. De momento seguimos luchando por encontrar una cura. Pero tendrán que pasar muchos años antes, tal vez siglos.

Todo tiene un principio y un fín. Y no caben especulaciones. No somos tan superiores ni divinos como podemos llegar a creer.

Solo podemos pensar en la ilusión de vivir una vida plena, luchar por nuestros seres queridos y no sufrir al final de nuestros días. La creación, ya sea divina o física, nos ha hecho mortales y débiles. No importa si se trata de una persona buena o mala, tarde o temprano siempre llega el desenlace.

En este orden de ideas, es inconsolable la fragilidad humana cuando nuestro cuerpo decide unirse a la tierra y deja arriba un sinfín de recuerdos, pensamientos, vivencias, influencias, risas, experiencias y sentimientos. Nuestro legado más importante será la impronta que dejemos en los que nos rodean, es la única arma contra la futilidad de la vida.

Vive cada día como si fuera el último, ama, abraza, besa, ríe siempre que puedas,Lucha por lo que creas justo. Aprecia la belleza de todo lo que te rodea, míralo, tócalo, siéntelo, mañana puede ser tarde para hacerlo.

Mientras sigas pisando la tierra hazlo firmemente, impregna la vida de ideales justos, tiende una mano siempre que alguien lo necesite, no dejes que la vida pase por ti sin tu hacer nada.

lunes, 26 de noviembre de 2012

Cambiar el curso de un rio......con una sola palabra

A menudo digo que las palabras son un don, un regalo que nos ha sido entregado desde el Cielo.  Con ellas podemos calmar a alguien nervioso, alentar a alguien inseguro, escribir y hacer pensar a algunos, expresar nuestro amor por todo y todos o curar la herida más profunda.

A menudo también hago hincapié en este don y en su buen uso, añadiendo que si no somos realmente capaces de utilizar este magnífico regalo, permanezcamos en silencio, otra virtud que además tiene el gran aliciente del aprendizaje.

Una palabra mal usada, una “crítica positiva” que jamás lo es, una frase suelta dicha con envidia o rencor, tiene la capacidad de hundir a la persona que la recibe, sobre todo si esa persona nos aprecia.  Tiene también la capacidad de entorpecer o dificultar su camino, cuando antes su caminar era más sencillo.  Después además esperamos que entiendan que tan solo ha sido un momento de enfado, o justificamos nuestra ansia de crítica de mil maneras diferentes, sin tener presente que ninguna de ellas es razonable.
El don de la palabra mal usada, es el arma con mayor filo que existe, porque puede cambiar la opinión de alguien, su buen hacer y forzarle a actuar de otra manera que él no eligió.  ¿Habéis caído alguna vez en este hecho?

Adicionalmente tendemos a imponer nuestro punto de vista con palabras impositivas, sin entender que lo que me funciona a mí, puede que no funcione en absoluto para otra persona.

El don de la palabra es tremendamente poderosa, cambia el curso de vidas y es por ello que debemos ser extremadamente cuidadosos en lo que decimos, aconsejamos o criticamos, ya que nadie tiene el derecho de vivir la vida de otro ni de imponer su visión de las cosas.

A menudo también me piden opinión y frecuentemente contesto…primero tú, ¿qué opinas de la situación? Creo sinceramente que no soy alguien para cambiar el transcurso del río ya que frecuentemente tan solo hablando, estando y escuchando, la solución sale por su propio pie de boca del interlocutor tras pensar un poquito.

Gran don el de la palabra, que tras la conversación nos hace pensar por nosotros mismos, en lugar de tomar el camino más fácil: la primera idea del otro…

Esta es una historia que me apasiona, cambiando el curso del río, por la cantidad de lecciones que puede dar.

Creo que hoy voy a usarla en el sentido de haceros reflexionar sobre la gran relevancia que tienen nuestras palabras cuando alguien que nos aprecia realmente, las escucha.  Pensad que cada día, tenéis en vuestras manos el poder de cambiar el curso del río, una gran responsabilidad ya que hacia dónde se dirija, es decisión vuestra…¡Disfrutadla!


 para complementar termina leyendo lo siguiente !!!!!!!

Muchos años atrás, un joven indio y su abuelo pasaban sus días juntos, tal como era la costumbre. El anciano empleaba la mayoría del tiempo enseñando al niño a cazar, pescar y hacer distintas cosas. Todo esto de una manera “ritual”. Habiendo vivido muchos años, el abuelo poseía distintos poderes para sanar y educar. Grande era su conocimiento en diversas cuestiones.
Un día el abuelo le dijo al su nieto: “Nosotros cambiaremos el curso de un poderoso río”
El niño estaba completamente lleno de asombro, ya que sabía que su abuelo era un gran hombre capaz de realizar grandes cosas, pero cambiar el curso de un poderoso río… ¿Qué mortal podría realizar tal cosa?
A medida que se aproximaban al río, el corazón del niño palpitaba al imaginar el curso del río siendo modificado. Cuando llegaron al borde del río, el anciano se sumergió en las aguas y tomó una piedra del fondo del tamaño de un melón.
El niño vio, a través de las cristalinas aguas, como el agujero dejado por la piedra era llenado ahora con arena y agua. En ese momento comprendió que en cierto pequeño modo, su abuelo había cambiado el curso de un poderoso río.
El anciano guiñó el ojo a su nieto y le dijo: “Este es el modo en que un gran río es cambiado. Una piedra a la vez. Es la tarea de cada hombre que camina cambiar el curso de los ríos. Cada acción que realizas, cada palabra que dices, afectará o cambiará el curso de vida de una persona. No dejes de cambiar el curso de los ríos, mi pequeño”.