De momento, todo el mundo se tiene que ir. Es curioso como a pesar de
nuestra inteligencia, de nuestros conocimientos, la tecnología que hemos
desarrollado, seguimos siendo tan fragiles a las enfermedades y males
de nuestro mundo. Somos tan egoístas como para creernos los dueños y señores de todo lo que nos rodea, seres superiores en la infinidad del universo y sin embargo no podemos luchar contra en fín inevitable de nuestros días.
Es un hecho que debemos asumir y no tiene sentido buscar explicaciones, excusas y menos aún una alternativa.
Quién sabe si en un futuro podremos encontrar alguna manera de eludir ese triste destino. De momento seguimos luchando por encontrar una cura. Pero tendrán que pasar muchos años antes, tal vez siglos.
Todo tiene un principio y un fín. Y no caben especulaciones. No somos tan superiores ni divinos como podemos llegar a creer.
Solo podemos pensar en la ilusión de vivir una vida plena, luchar por nuestros seres queridos y no sufrir al final de nuestros días. La creación, ya sea divina o física, nos ha hecho mortales y débiles. No importa si se trata de una persona buena o mala, tarde o temprano siempre llega el desenlace.
En este orden de ideas, es inconsolable la fragilidad humana cuando nuestro cuerpo decide unirse a la tierra y deja arriba un sinfín de recuerdos, pensamientos, vivencias, influencias, risas, experiencias y sentimientos. Nuestro legado más importante será la impronta que dejemos en los que nos rodean, es la única arma contra la futilidad de la vida.
Vive cada día como si fuera el último, ama, abraza, besa, ríe siempre que puedas,Lucha por lo que creas justo. Aprecia la belleza de todo lo que te rodea, míralo, tócalo, siéntelo, mañana puede ser tarde para hacerlo.
Mientras sigas pisando la tierra hazlo firmemente, impregna la vida de ideales justos, tiende una mano siempre que alguien lo necesite, no dejes que la vida pase por ti sin tu hacer nada.
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