jueves, 9 de junio de 2011

SEMBRANDO

"COMPARTO CON USTEDES UN RECUERDO DE SEPTIMO GRADO....NO SABEN EL TRABAJO PARA MEMORIZARME ESTA POESIA....."

De aquel rincón bañado por los fulgores
del sol que nuestro cielo triunfante llena;
de la florida tierra donde entre flores
se deslizó mi infancia dulce y serena;
envuelto en los recuerdos de mi pasado,
borroso cual lo lejos del horizonte,
guardo el extraño ejemplo, nunca olvidado,
del sembrador más raro que hubo en el monte.

Aún no se si era sabio, loco o prudente
aquel hombre que humilde traje vestía;
sólo sé que al mirarle toda la gente
con profundo respeto se descubría.
Y es que acaso su gesto severo y noble
a todos asombraba por lo arrogante:
¡hasta los leñadores mirando al roble
sienten las majestades de lo gigante!

Una tarde de otoño subí a la sierra
y al sembrador, sembrando, miré risueño;
¡desde que existen hombres sobre la tierra
nunca se ha trabajado con tanto empeño!
Quise saber, curioso, lo que el demente
sembraba en la montaña sola y bravía;
el infeliz oyóme benignamente
y me dijo con honda melancolía:
—Siembro robles y pinos y sicomoros;
quiero llenar de frondas esta ladera,
quiero que otros disfruten de los tesoros
que darán estas plantas cuando yo muera.

—¿Por qué tantos afanes en la jornada
sin buscar recompensa?— dije. Y el loco
murmuró, con las manos sobre la azada:
—«Acaso tú imagines que me equivoco;
acaso, por ser niño, te asombre mucho
el soberano impulso que mi alma enciende;
por los que no trabajan, trabajo y lucho;
si el mundo no lo sabe, ¡Dios me comprende!

»Hoy es el egoísmo torpe maestro
a quien rendimos culto de varios modos:
si rezamos, pedimos sólo el pan nuestro.
¡Nunca al cielo pedimos pan para todos!
En la propia miseria los ojos fijos,
buscamos las riquezas que nos convienen
y todo lo arrostramos por nuestros hijos.
¿Es que los demás padres hijos no tienen?...
Vivimos siendo hermanos sólo en el nombre
y, en las guerras brutales con sed de robo,
hay siempre un fratricida dentro del hombre,
y el hombre para el hombre siempre es un lobo.

»Por eso cuando al mundo, triste, contemplo,
yo me afano y me impongo ruda tarea
y sé que vale mucho mi pobre ejemplo
aunque pobre y humilde parezca y sea.
¡Hay que luchar por todos los que no luchan!
¡Hay que pedir por todos los que no imploran!
¡Hay que hacer que nos oigan los que no escuchan!
¡Hay que llorar por todos los que no lloran!
Hay que ser cual abejas que en la colmena
fabrican para todos dulces panales.
Hay que ser como el agua que va serena
brindando al mundo entero frescos raudales.
Hay que imitar al viento, que siembra flores
lo mismo en la montaña que en la llanura,
y hay que vivir la vida sembrando amores,
con la vista y el alma siempre en la altura».

Dijo el loco, y con noble melancolía
por las breñas del monte siguió trepando,
y al perderse en las sombras, aún repetía:
—«¡Hay que vivir sembrando! ¡Siempre sembrando!...»

Marcos Rafael Blanco Belmonte.

sábado, 23 de abril de 2011

APRENDER A VALORAR


¿Cuántas cosas perdemos por no valorarlas? Creo que no hay un número exacto porque día a día vamos perdiendo infinidades de cosas. Una madre, un padre, hermanos que creemos que son los más insoportables del mundo pero cuando crecen son ellos los únicos que nos dan su apoyo. Hay que aprender a valorar las cosas porque sino se van, vuelan, buscan otros brazos, otros ojos, otras palabras, en definitiva, buscan esas cosas que no les dimos por no valorarlas. Regalemos caricias, besos, abrazos, risas. Regalemos mucho amor porque todo se va.

Apoyémonos en quien confía en nosotros y demos rienda suelta al cariño, a esa alegría que a veces ocultamos por enfados absurdos. Pensemos bien cuales son los verdaderos problemas y después tomemos una determinación, pero primero es escuchar al otro.

Si hace falta llorar, hagámoslo, nadie se ha muerto por soltar unas lágrimas. Si tenemos que pedir perdón pidámoslo, porque quizás después ya sea tarde, que en realidad siempre lo es. Valoremos lo que tenemos, no lo perdamos, cuidémoslo como si fuera ese dinero que juntamos de toda la vida en ese colchón, como ese papelito que te regaló un ser querido y nunca lo has querido tirar, como esas palabras de aliento que llegan de quien más quieres. Comencemos a partir de hoy mismo a valorar lo que tenemos, porque el ayer ya se perdió por no hacerlo. Cuantas dudas vienen a mi cabeza al saber que pude haber hecho cosas y que no las hice. ¡Claro que estoy arrepentido! ¡Quién no lo estaría!... ¿Saben realmente quién no estaría arrepentido? La persona que le dio la espalda al amor.

Reflexionemos día a día qué es lo que hacemos mal, nos guste o no nos guste. Aprendamos de nuestros errores, porque esa es la mejor escuela que uno pueda llegar a tener en la vida. No nos olvidemos de la gente, no nos quedemos con las ganas de decir “te quiero” o “te necesito” porque sino pasará a ser parte del ayer, y recordemos que el ayer ya se perdió. Hoy me tocó a mí perder por no mirar el ayer, mañana te puede tocar a ti, así que, no dejes las cosas para otro momento, la vida es hoy, valorar es hoy, perder es ayer y posiblemente mañana. ¡Claro que hay que trabajar duro para conseguir lo que queremos!, pero no pequemos del vicio del tiempo, porque nos hacemos viciosos de los tiempos en que podríamos hacer otras cosas, como por ejemplo, utilizar ese tiempo con tu familia, tu pareja, tus amigos, etc. Cuántas veces me han dicho “la vida es una sola” y no le hacía ni caso.

Lamentablemente sufrimos por el ayer, porque el hoy todavía no está escrito y depende exclusivamente de nosotros, de lo que hagamos, de lo que digamos o de cómo valoramos las cosas. Aprender a valorar… esa es una buena lección para el día de hoy.

martes, 19 de abril de 2011

ADÁN Y EVA: ¿ORIGEN DEL HOMBRE O DENUNCIA SOCIAL?


Por el Pbro. Dr. Ariel Álvarez Valdés

Darwin y el Génesis.

Según la Biblia , Dios formó a Adán, el primer hombre, con barro del suelo. De una costilla suya hizo a Eva, su mujer. Y luego los colocó en medio de un paraíso fantástico. Ambos vivían desnudos sin avergonzarse, y Dios, por las tardes, solía bajar a visitarlos y a charlar con ellos (Génesis 2).

Esta historia, que nos entusiasmaba cuando éramos niños, nos pone en serias dificultades ahora que somos grandes. La ciencia moderna ha demostrado que el hombre ha ido evolucionando a partir de seres inferiores, desde el Australopitecus, hace unos tres millones de años, pasando por el homo hábilis , el homo erectus y el homo sapiens, hasta llegar al hombre actual.

Hoy sabemos, pues, que el hombre no fue formado ni de barro ni de una costilla; que al principio no hubo una sola pareja sino varias; y que los primeros hombres eran primitivos, no dotados de sabiduría ni de perfección.

¿Por qué, entonces, la Biblia relata de esta manera la creación del hombre y de la mujer? Sencillamente porque se trata de una parábola, de un relato imaginario que pretende dejar una enseñanza a la gente.

Lo compuso un anónimo catequista hebreo, a quien los estudiosos llaman el "yahvista", alrededor del siglo X a.C. En aquel tiempo no se tenía ni idea de la teoría de la evolución. Pero como su propósito no era el de dar una explicación científica sobre el origen del hombre sino el de proveer un acercamiento religioso a él , eligió esta narración en la cual cada uno de los detalles tiene un mensaje religioso, según la mentalidad de aquella época. Trataremos ahora de averiguar qué quiso enseñarnos el autor con este relato.

La creencia popular

El primer detalle que llama la atención es que el texto afirme que el hombre fue creado del barro . Dice el Génesis que en el principio, cuando la tierra era aún un inmenso desierto, "Yahvé Dios amasó al hombre con polvo del suelo, y sopló sobre sus narices aliento de vida; y resultó el hombre un ser vivo" (v.7).

Para entender esto, hay que tener en cuenta que a los antiguos siempre les había llamado la atención ver que poco tiempo después de muerta una persona, se convertía en polvo . Esta observación les llevó a imaginar que el cuerpo humano estaba fundamentalmente hecho de polvo. La idea se extendió por todo el mundo oriental, a tal punto que la encontramos manifiesta en la tradición de una mayoría de pueblos . Los babilonios, por ejemplo, contaban cómo sus dioses habían amasado con barro a los hombres; y los egipcios representaron en las paredes de sus templos a la divinidad amasando con arcilla al Faraón. Griegos y romanos compartían igualmente esta opinión.

Cuando el escritor sagrado quiso contar el origen del hombre, se basó en aquella misma creencia popular , pero agregó una novedad a su relato: el ser humano no es únicamente polvo: posee en su interior una chispa de vida que lo distingue de todos los demás seres vivos, porque al venirle de Dios, lo convierte en sagrado. Y no sólo sucede esto al rey o al Faraón, sino también al hombre de la calle, Eso quiso decir cuando contó que Dios "le sopló en la nariz". Empezaba, así a revolucionarse la concepción antropológica de la época.

Una imagen con carrera

La imagen de un Dios alfarero, de rodillas en el suelo amasando barro con sus manos y soplando en las narices de un muñeco, puede resultarnos algo extraña. Sin embargo, en la mentalidad de aquella época era todo un homenaje para Dios.

En efecto, de todas las profesiones conocidas en la sociedad de entonces , la más digna, la más grandiosa y perfecta era la del alfarero. Cómo impresionaba ver a ese hombre que, con un poco de arcilla despreciable y sin valor, que podía hallar tirada en cualquier parte, era capaz de moldear y de crear con gran maestría preciosos objetos: vajillas, vasos refinados y exquisitos utensilios

El yahvista, sin pretender enseñar científicamente cómo fue el origen del hombre, puesto que no lo sabía, quiso indicar algo más profundo: que todo hombre, quienquiera que sea, es una obra directa y especialísima de Dios. No es un animal más de la creación, sino un ser superior, misterioso, sagrado e inmensamente grande, porque Dios en persona se tomó el trabajo de hacerlo.

La imagen del Dios Alfarero quedó consagrada en la Biblia como una de las mejor logradas. Y a lo largo de los siglos reaparecerá muchas veces para indicar la extrema fragilidad del hombre y su total dependencia de Dios, como en la célebre frase de Jeremías: "Como el barro en las manos del alfarero, así son ustedes en mis manos, dice el Señor" (18,6).

La soledad del hombre

A continuación aparece en el relato una serie de pormenores curiosos y muy interesantes. Dice que Dios colocó al hombre que había creado en un maravilloso jardín, lleno de árboles que le darían sombra y lo proveerían de sabrosas frutas (v.9). El agua sobreabundaba en ese jardín, ya que estaba regado por un inmenso río, con cuatro grandes brazos.

Como la vida de los lectores de aquella época transcurría en terrenos desérticos donde el agua resultaba tan difícil de conseguir , semejante descripción despertaba sus apetencias y daba una imagen perfecta de la felicidad que ellos habrían deseado gozar .

Pero de repente el relato se detiene. Algo parece haber salido mal. Dios mismo presiente que no es muy bueno lo que ha hecho: "No es bueno que el hombre esté solo" (v.18). Aun a pesar de todo el derroche de creación que desplegó, su creatura está solitaria y sin poder colmar sus expectativas. Lo ha rodeado de lujos y bienestar, pero el hombre no tiene a nadie con quien relacionarse.

Compañías inadecuadas

Ante esta circunstancia , dice el Génesis, Dios busca corregir la falla mediante una nueva intervención suya . Con gran generosidad crea todo tipo de animales, los del campo y las aves del cielo, y se los presenta al hombre para que ponga a cada uno un nombre y le sirvan de compañía (v.19). Sin embargo , no encuentra un compañero adecuado para el hombre . Tampoco los animales resultan una compañía ideal para él (v.20). ¿Dios se ha equivocado de nuevo?

Luego de reflexionar, intentará subsanar su segunda equivocación mediante una obra definitiva: Entonces Yahvé Dios hizo caer un profundo sueño sobre el hombre, el cual se durmió. Le quitó una de las costillas, y rellenó el vacío con carne. De la costilla que Yahvé Dios había tomado del hombre formó una mujer y la llevó ante el hombre. Entonces éste exclamó: Esta vez sí que es hueso de mis huesos y carne de mi carne. Será llamada varona porque del varón ha sido tomada" (v. 21-23).

Finalmente, Dios tiene éxito. Puede sonreír satisfecho porque ahora sí ha conseguido un buen resultado. El hombre encontró su felicidad con la presencia de la mujer.

Los tres mensajes

Estas ingenuas y pueriles escenas que presentan a Dios aparentemente equivocándose y sin terminar de complacer los gustos del hombre, en verdad encierran tres profundas enseñanzas.

La primera: que la soledad del hombre no es buena. Que no ha sido creado como un ser autónomo y autosuficiente, sino necesitado de los demás, de otras personas que lo complementen en su vida, sin ellas el mismo hombre "no es bueno". Con aquel hipotético y solitario Adán, el autor quiso denunciar que la primera y principal amargura del ser humano es su falta de compañía, su vida aislada, sin ser compartida con nadie.

La segunda enseñanza está en la frase que dice que en los animales Adán "no encontró una ayuda adecuada". Quiso con ella advertir que los animales no están al mismo nivel que el hombre; que no tienen su misma naturaleza; y por lo tanto no estaba bien que éste se relacionara con aquéllos como lo hacía con las personas. De este modo, con mucha finura y delicadeza, el autor condena el pecado de "bestialismo", es decir, las posibles prácticas sexuales con animales, que en aquel entonces se hallaban difundidas en ciertos ambientes del antiguo Oriente.

La tercera enseñanza pretende explicar que está bien para el hombre dejar a su padre y a su madre, afectos tan sólidos y estables en aquella época, para unirse a una mujer. Porque esa misteriosa tendencia que todo hombre siente hacia ella la puso Dios , y sólo con ella el hombre encuentra su plenitud. Es el primer canto de la Biblia al amor conyugal.

Por qué nombrar a los animales

También la escena en la que desfilan todas las especies de animales frente a Adán mientras éste pasa lista, los individualiza, les hace su ficha y les da nombres propios, tenía un sentido profundo para los lectores de aquella época.

"Poner nombre" en la Biblia quiere decir "ser dueño de". En efecto, en el antiguo Oriente , el nombre no es un mero título, sino que representa al ser mismo de la cosa. Y conocer el nombre de alguien para poder nombrarlo equivalía a tener poder sobre él.

Por eso dice la Biblia que al crear Dios el mundo en seis días fue poniendo un nombre a cada cosa: "día", "noche", "cielos", "tierra". Asimismo en la familia eran los padres quienes debían poner el nombre a sus hijos, como señal de propiedad. Y entre los diez mandamientos, había uno que mandaba precisamente "no tomar el nombre de Dios en vano", para evitar emplearlo como señal de dominación. Aún hoy los judíos no se atreven a mencionarlo, para no mostrar supremacía y poder sobre Dios.

Pintar, pues, a Adán poniendo nombres a todos los animales es lo mismo que decir que él es dueño de ellos, que está por encima de todos, que le pertenecen y están a su servicio. Un modo de confesar que el hombre es rey y por lo tanto responsable de la creación.

Por qué hace dormir al hombre

Otro detalle fascinante es el profundo sueño que Dios hizo caer sobre Adán antes de crear a la mujer. Muchos lo interpretan como una especie de anestesia preparatoria, ya que Dios está por intervenir quirúrgicamente a Adán para extraerle una costilla, y quiere primero volverlo insensible.

Pero nuestro autor entendía muy poco de medicina, y sería un desatino imaginarlo aquí anticipándose en tantos siglos a esta práctica de la cirugía moderna. Más bien el sueño de Adán tiene que ver con la concepción que el autor tenía de la acción creadora. Crear es el secreto de Dios. Solo Dios lo conoce y solo Él sabe hacerlo. El hombre no puede presenciar el acto de creación de Dios . Por eso duerme cuando Dios crea. Al despertar, no sabe nada de lo que ha pasado. La mujer recién creada tampoco, porque cuando se da cuenta de que existe, ya ha sido formada.

Con esta escena la narración advierte que la actuación de Dios en el mundo es invisible para los ojos humanos. Sólo quien tiene fe puede descubrirla. Nadie logra contemplar a Dios que pasa por su vida, si está dormido y no despierta a la fe.

Eva y la costilla

Pero el momento culminante de la narración y de alguna manera el centro de todo el relato, lo constituye el detalle de la mujer formada de la costilla de Adán.

Nuestro autor emplea aquí una bellísima imagen para dejar a los lectores una lección grandiosa. Para crear a la mujer, Dios no tomó un hueso de la cabeza del hombre, pues ella no está destinada a mandar en el hogar; pero tampoco la hizo de un hueso del pie, porque no está llamada a ser la servidora del hombre. Al decir que la crea de su costilla, es decir, de su costado, la coloca a la misma altura que el varón, en su mismo nivel y con idéntica dignidad.

Tal atrevimiento de declarar a la mujer semejante al varón, debió de haber irritado enormemente a sus contemporáneos, y sin duda constituyó una idea revolucionaria en su época.

Por qué andaban desnudos

El relato termina con un último detalle sugestivo: "Los dos estaban desnudos, el hombre y su mujer, pero no se avergonzaban el uno del otro" (v.25). Más adelante, cuando se desate el drama del pecado original sobre Adán y Eva, dirá: "Entonces se les abrieron a ambos los ojos y se dieron cuenta de que estaban desnudos" (3,7).

Esta alusión alimentó la imaginación de millones de lectores a lo largo de los siglos, y llevó a pensar que el pecado original tenía que ver con el sexo. Pero en realidad el autor con esta observación sólo buscaba transmitir un último mensaje a sus lectores, basado en la experiencia cotidiana. En ella veía cómo los niños pequeños andaban desnudos sin avergonzarse. En cambio al entrar en la pubertad, percibían su desnudez y se cubrían. Ahora bien, esa época coincidía con la edad en la que todos toman conciencia del bien y del mal, y son responsables de sus actos.

El yahvista quiso decir que toda persona, al entrar en la adultez , es pecadora, y por lo tanto responsable de las desgracias que existen en la sociedad. Nadie puede considerarse inocente frente al mal que lo rodea, ni puede decir: "yo no tengo nada que ver". Por eso todos sienten vergüenza de su desnudez.

El autor buscó, así, establecer un vínculo entre la condición de pecador de todo hombre, y el fenómeno universalmente percibido de la desnudez (frecuente, además, en aquella época por el tipo de túnicas cortas que usaban los hombres). Esta vergüenza les debía servir como recordatorio de sus pecados.

Un hombre y una mujer

La Biblia no enseña cómo fue el origen real del hombre y de la mujer, porque el escritor sagrado no lo sabía.

Pero, como vimos, tampoco le interesaba contar "cómo" apareció el hombre sobre la tierra, sino "de dónde" apareció. Y su respuesta es: de las manos de Dios.

El "cómo" deben explicarlo los científicos. El "de dónde" lo responderá la Biblia. Y a medida que pase el tiempo, los científicos podrán ir cambiando sus respuestas sobre "cómo" fue la aparición del hombre (si existió desde siempre como es hoy, si evolucionó de seres primitivos, si sus primeras partículas provienen de otras galaxias, etc). La Biblia , en cambio, nunca cambiará su respuesta a "de dónde": de las manos de Dios, que estuvo dirigiendo ese proceso. Por esto no debemos temer que aparezcan nuevas visiones científicas. Porque la Biblia mantendrá invariable su mensaje: el hombre, frágil criatura de barro, es la obra maestra de Dios. Todo hombre es sagrado e irrepetible porque tiene un "soplo" de Dios . Él es el rey y el responsable de la creación. Y la mujer participa de la misma grandeza, jerarquía y dignidad que él.

Un tratado de alta teología no lo habría expresado mejor que esta narración de apariencia infantil.

domingo, 17 de abril de 2011

EL LARGO CAMINO DE LA VIDA


El sol brilla tenue, parece apagar su esplendor; es solo la señal del nacimiento de la noche. A veces nos ponemos mal, cuando llega a su fin aquellos momentos felices de nuestra vida, pero debemos asumir que es el final de una etapa y el inicio de otra, la cual nos hará madurar más aún que la anterior.

Cuando nos enfrentemos a una etapa difícil tendremos muy presente espiritualmente, que el agua de una cascada toma mayor fuerza para concretar su recorrido sólo en la caída, por eso cuando más veces te caigas y más veces te levantes, obtendrás experiencias de vida que te servirán para nutrirte de sabiduría emocional.

Si te encontraras en medio de tu lenta, pero sin pausa marcha, con un sendero que te enfrente a un abismo incierto debido a una adversidad del momento, en donde el miedo te bloquee o la desesperación te atormente, no desvíes el rumbo para la dirección que te parezca más fácil; porque al final del camino, te darás cuenta que fue tu peor elección. Solo detente a un costado y analiza la situación para desentrañar, lo que está a tu alcance remediar y lo que debes delegar, sin sentirte en falta.

Quizás sientas, que lentamente estas dirigiéndote hacia ese abismo, porque percibes un aire contaminado de dolor e incertidumbre en donde tus ojos, solo divisan una neblina emocionalmente confusa, que te impiden ver el horizonte de tu camino.

Solo por un instante, recuerda aquellos periodos críticos y dolorosos, que has logrado transitar y los que te hicieron sentir inmensamente feliz; verás como pronto sentirás alivio en la pesadez de tus pies. Observarás el paisaje desde otra perspectiva, tomando conciencia que peores situaciones, has logrado superar.

La vida nos ofrece un extenso trayecto para transitar, no importa que distancia recorra, sino la forma en que lo hagas.

A veces, ante la adversidad, sentimos que caminamos descalzos sobre espinas, cuando debemos afrontar la partida de un ser amado que nos ha enseñado a caminar o cuando nos vemos inmersos en una dura enfermedad.

Día a día experimentamos, como el sufrimiento nos hace madurar de golpe y el dolor no nos permite vislumbrar, ni obtener respuestas adecuadas a dos preguntas que se adueña de nosotros: -¿Por qué? o ¿Por qué a mí? Naturalmente la angustia se apodera de nosotros y son nuestras lágrimas, que nos ayudan a desahogarnos. Pero no debemos permitir que la bronca por lo incomprensible, nos impidan ser dueños de nuestro bienestar mental.

Con seguridad, en esos momentos descubriremos quienes nos acompañan y quienes nos observan para vernos caer. La elección, esta en nosotros mismos, no estancarnos en aquellas personas, que sólo pierden su energía queriendo vivir el camino de otros esperando su declive o transitar cierta parte de su vida, protestando por todo aquello que no pueden concretar, sin disfrutar lo que poseen a su alcance.

En nuestro trayecto, siempre tenemos la posibilidad de revertir ciertas situaciones, que nos ayudarán a no encontrarnos al final del camino, con una siembra poco satisfactoria como resultados de nuestra propia cosecha.

Convéncete, que la distancia que recorras con dignidad, integridad y amor hacia el prójimo, como a ti mismo, será el trayecto humano en donde marques las huellas más firmes y perdurables a través del tiempo, por el largo camino de tu vida.